Cuando en esta década se baraja la fabricación de aviones en que los pasajeros vayan de pie, cobrar  por utilizar el cuarto de baño o reclamarte el importe de un miserable café, Pan Am nos retrotrae a una época en que las azafatas eran semidiosas y los viajeros atendidos de forma impecable por ellas.

El piloto -nunca mejor dicho- de la nueva serie de ABC, retrata y fabula sobre la tripulación de un avión transoceánico en los años 60, la época dorada de la aviación comercial, cuando el término ‘low cost’ no existía como tal y el mundo temblaba en plena Guerra Fría.

El contexto político cobra una gran importancia ya que, amén de relatar las cuitas amorosas de los empleados de la compañía, la serie contiene una trama de espionaje que, en el primer episodio, cuanto menos, promete. En el plano sentimental, conoceremos a Laura, una novia a la fuga de enorme belleza y a su hermana Kate, que veremos cómo se inicia en temas de la CIA. También tenemos a la Bridget Jones del aire, Colette, que parece que no elige bien a sus parejas. Y Bridget, la desaparecida novia del personaje interpretado por el actor que cubre la cuota de guaperas, Mike VogelChristina Ricci,-la hipotética hija de Bette Davis y Peter Lorre-, en el primer episodio no tuvo mucha presencia pero la escasa que tuvo, llenó la pantalla. El cásting es de lo más acertado y con, quizá un abuso de flashback, los personajes han quedado bien trazados en los primeros 43 minutos.

Hechas las presentaciones, la serie es entretenida y la ambientación, excelente, -máxime si tenemos en cuenta que en este primer capítulo ABC se ha dejado 10 millones de dólares-. Las tramas son prometedoras y, en espera de ver qué rumbo toma este vuelo, de momento… Bienvenidos a bordo.

El primer capítulo de Pan Am reunió a 10.800 .ooo americanos frente a la pantalla. En España podrá verse por Canal + el 29 de octubre.

Aquí puedes ver el Trailer.

Tras el inesperado final de la tercera temporada de El Mentalista, la expectación para ‘Scarlett Ribbons‘ era máxima. Bueno, visto el arranque, éste ha sido sin duda un regreso de alto voltaje, un episodio a la altura del último de la sesión anterior.

Arrancamos en el punto que lo dejamos, con Jane en el Centro comercial, manos en alto y ante un humeante té y un humeante cadáver. Patrick  va a  la cárcel por el asesinato del que parece ser  un  amantísimo padre de familia, marido ejemplar y devoto practicante religioso. Lisbon está en el hospital y el resto del equipo del CBI está en problemas por su implicación en los sucesos con los que terminó la temporada anterior.

Para limpiar su nombre y demostrar que efectivamente era John el Rojo el muerto, todos se pondrán a trabajar investigando al intachable difunto. Por un lado, deben demostrar que Red Jonh era tal y que llevaba una pistola que desaparece de la escena del crimen misteriosamente, junto a un teléfono móvil, desde el que el asesino en serie recibió la llamada de O’ Laughin, el definitivamente, exnovio de Van Pelt.

No lo tendrán fácil porque están todos suspendidos de sus funciones policíacas pero esto es una serie de televisión y se las apañarán para interrogar a la familia del fallecido, concretamente a la esposa: una típica ama de casa americana, doliente viuda y… que no es lo que parece.

Patrick consigue salir de la cárcel pagando una fianza millonaria con uno de sus trucos de artista de variedades y se une al equipo de investigación. Tras varios giros sorprendentes y muy logrados, Patrick va a juicio y queda absuelto de la muerte de Red John por un jurado embelesado con sus habilidades. Caso cerrado, fin de la carita sonriente, la vida sigue, o eso parece. Obviamente, los guionistas no han querido desaprovechar el jugoso tema de John el Rojo y Patrick nos confiesa en el último momento, algo que ya imaginábamos, que la víctima del Centro Comercial no era el genuino Red John pero que va a disimular el resto de la temporada para poder cogerlo de una vez por todas, por lo que la caza continúa.

Otra vez abrimos las apuestas. Mi teoría: dado que el auténtico Red John debe ser alguien poderoso, influyente, con un discurso místico y un personaje al que ya hemos visto en episodios anteriores…  All in para… Malcom MacDowell. El protagonista de La naranja mecánica interpreta en la serie ocasionalmente a Bret Stiles, el líder de Visualize, una misteriosa secta que han visitado los del CBI en más de una ocasión. Fundamento este desvarío en que Red John gusta de recitar a William Blake, concretamente este poema:

Tigre, tigre, luz llameante
En los bosques de la noche,
¿Qué ojo o mano inmortal
Pudo idear tu terrible simetría?

¿ Y cuál es el logo de esta asociación? Un ojo gigante.  Y además, sabemos que Jane estuvo vinculado con Stiles en el pasado. Quizá por la descripción que hizo de Red John la invidente testigo que fuera su inocente novia -un hombre alto, de raza caucásica y muy buena persona- no encaja mucho, pero estoy convencida de que la carita sonriente está de algún modo conectada con la secta y MacDowell.

Si en las próximas dos temporadas firmadas por Simon Baker se me desmonta esta teoría, tengo en la recámara la que apunta a Walter Mashburn. Un millonario hastiado que encontró muy emocionante ser sospechoso de asesinato y que se llevó a Lisbon al huerto. Ha salido en un par de episodios, es rico y carismático y concuerda con la descripción de la novia ciega.

El primer episodio de la cuarta temporada de El mentalista fue seguido en USA por 13.560.000 espectadores. Podrá verse en La Sexta probablemente el 6 de octubre, ya que anunciaron que tanto Person of interest como la serie de Simon Baker se emitirían con dos semanas de diferencia con su difusión norteamericana.

Ver el Piloto de Person of interest y no evocar 1984 de Orwell donde el ‘Hermano Mayor‘ -con la ‘Policía del Pensamiento’ como brazo ejecutor-vigilaba todos los movimientos e incluso la intenciones  de los ciudadanos, es inevitable.

La serie nos sitúa en una controlada Nueva York  -no apta para ‘conspiranoicos’- donde, a través de un sofisticado software, se observa y escucha constantemente a los habitantes con el fin  de evitar otro atentado como el del 11 S.  Michael Emerson da vida a Mr. Finch, el creador de ‘la máquina’, hoy millonario y entregado a la filantrópica misión de evitar crímenes antes de que sucedan utilizando un resquicio en el programa informático que él mismo diseñó.  Para ayudarle en esta titánica tarea recluta -sin mucho problema dicho sea de paso- a un ex agente de la CIA –James Caviezel– que, tras el asesinato de su novia, vive más o menos como un homeless, sin identidad y protagonizando su propio ‘Leaving Las Vegas‘.

Será que el nombre de JJ Abrams y Michael Emerson juntos me hacía tener más expectativas pero el caso es que Person of interest -en su piloto- me pareció una procedimental de CBS más, tipo CSI o Criminal Minds con una premisa nueva pero con idéntico desarrollo y tramas autoconclusivas.

Sólo la presencia de Emerson da prestancia al conjunto, aunque con los precedentes de su papel en Lost pensábamos que no nos iba a explicar de qué iba el asunto hasta dentro de cuatro o cinco temporadas, pero no temáis, Mr. Smith en el Piloto pone las cartas sobre la mesa. El hecho de que el otro protagonista de  la serie se llame John hace que esperemos que al igual que Ben Linus, Mr. Smith diga: ‘I always have a plan John’. Cuesta mucho desvincular a Emerson del personaje que le dió la fama, tanto que Abrams podría haber recuperado a Jack Shephard en vez de a Caviezel, que ya había hecho de atomentado, alcoholizado y barbudo y tenía más química con Emerson que el protagonista de La Pasión de Cristo. En mi opinión, Caviezel tiene dos registros: de frente y de perfil -bueno tres, y crucificado- así que, en los duelos interpretativos con Emerson, está desarmado.

Si no se ve con grandes expectativas  y se es amante de las procedimentales policíacas, no defrauda, tiene ritmo y es entretenida. Si esperas un Rubicon, grandes misterios o los efectos especiales de Minority Report, no es ésta tu serie.

El piloto de Person of Interest fue seguido en su estreno por 13,33 millones de espectadores en EEUU y fue lider del Prime time -21h.-22h.- por delante de The X Factor. En España,  podremos verla en Calle 13 el 6 de octubre y un poco después, en La Sexta.

Intentaré dedicar toda la semana a comentar los pilotos de las nuevas series y nuevas temporadas que se nos avecinan este otoño. Como voy a ir de más a menos, empezaré por el que más me ha gustado: el 6×01 de Dexter, Those kind of things, filtrado en la red antes de su emisión oficial el 2 de octubre. Como curiosidad, decir que se han filtrado TODOS los capítulos iniciales de temporada, salvo el de la quinta, que sucedía al cliffhanger de la muerte de Rita. ¿Casualidad? No lo creo.

El capítulo retoma la historia de mi sociópata favorito un año después de la marcha de Lumen tras haberla ayudado a consumar su venganza. Dexter podría decir aquello tan cervantino de ‘Con la Iglesia hemos topado’ y es que en esta sexta temporada, según se vió, la religión va a tener un gran peso en las tramas. Por un lado, Dexter, que tiene su propia religión fundamentada en la máxima: intentar hacer las cosas bien para no tener problemas; por otro, Harrison que empezará la escuela en un centro católico y por otro: un par de asesinos fanáticos que andan sueltos recitando el Antiguo Testamento y  sustituyendo  intestinos de infieles por serpientes.

En el arranque del capítulo, vemos a Dexter acuchillado en el suelo, atendido por los servicios de emergencia. Personalmente, me temía que a partir de ahí la temporada fuera una cuenta atrás hasta ese dramático momento pero no, se produce un cambio de papeles que da paso al Dexter de siempre, sano y salvo.

Cinco años hemos necesitado para ver al hematólogo forense hacer cosas que no le habíamos visto hacer nunca e incluso parecía que le gustaban: emborracharse, bailar y tener sexo de ‘aquí te pillo, aquí te mato’. Sin duda, el mejor momento de este capítulo ha sido la delirante conga que baila el protagonista en una reunión de antiguos alumnos del instituto  a la que acude para saldar cuentas con un antiguo compañero, un asesino que quedó impune.

El capítulo fue una declaración de principios de lo que se presupone será la  temporada: el Dexter justiciero de las temporadas anteriores pero que se hace preguntas trascendentales sobre el perdón y la redención. Ahondaremos un poco más en la personalidad del protagonista, siguiendo fiel pero con dudas el ‘Código de Harry’  y convencido de que no quiere eso para su hijo. El alivio cómico y los mejores momentos erótico festivos vendrán de la mano de Masuka y sufriremos detrás de unos asesinos obsesionados por el Apocalipsis: Travis Marsahll y el profesor Gellar que traerán de cabeza a la policía de Miami y que cuando crucen su camino con el de Dexter… acabarán dando un paseo en el Slice of life,  intuyo que dentro de 11 episodios, aproximadamente.

Lo primero que requiere el visionado de El árbol de la vida es saber lo que te vas a encontrar -no meterte en la sala porque salen Brad Pitt y Sean Penn-, haber dormido perfectamente la noche anterior y no haber realizado previamente al pase una comida copiosa. Con estos preparativos ya estarás en condiciones de disfrutar -o padecer- esta película excesiva en forma, fondo y metraje que -a pesar de su taquilla- es la menos comercial que se ha hecho recientemente.

Malick nos sumerge en su Waco natal, en la década de los 50, y nos hace testigos de la evolución emocional de una familia durante todos los estratos de la existencia y de las relaciones paternofiliales: el nacimiento, el descubrimiento de que los progenitores no son perfectos y la misma muerte. A su vez, la vida del ser humano se conecta con la creación del universo. Éste es sin duda, el tramo más indigesto de la película, una presentación de Power Point con multitud de páginas acompañada de música de Mahler o Brahms y donde se invoca a Dios para pedirle explicaciones y nos responde algo que ya hemos oído:  que somos muy pequeños en relación a la creación pero que a través del perdón y del amor al prójimo lograremos la paz interior. Como si nos hubiéramos metido de repente en la sala de proyecciones del Planetario con un cura proselitista y evolucionista de compañero de butaca.

Como orgía técnica y visual es una película magnífica, los pequeños detalles, el manejo del lenguaje cinematográfico, decirlo todo con un plano y una mirada, es algo que Malick ha bordado. Pero es tal el ejercicio de autocomplacencia del director y es tan megalómano el proyecto que esta perfeccción técnica se vuelve en su contra y se hubiera agradecido una narrativa más convencional y que los actores no deambulen tan etéreos por la pantalla  en un extendido anuncio de Omino Bianco, lanzando frases lapidarias en un tono  de voz cercano a la psicofonía.

Mención aparte merece la parte de Sean Penn, intuímos que dando vida al propio Malick, una persona muy misteriosa poco amiga de entrevistas o de ser fotografiado. El hermano mayor y más  rebelde de esta familia new age se nos muestra en la madurez como un ser  atormentado por la culpa y la soledad en un entorno de acero y cristal hasta que cruza el umbral  de la jungla de asfalto en lo que bien podría haber sido un final alternativo de los guionistas de Lost. Incluso Sean Penn se enfadó con Malick al ver su escasa aparición en el montaje  final tras semanas de rodaje, en lo que intuyo una  batalla de egos que ganó Malick, sin duda.

En definitiva, la película merece la pena porque la exhibición de cine y maestría que realiza el director de La delgada línea roja es apabullante y fascinante, pero carga un poco la grandilocuencia del discurso, la metafísica del mensaje y si al filme se le saca punta, hay material para darle la vuelta y hacer chascarrillos a punta pala.

Lo mejor: El árbol de la vida es la apuesta más arriesgada que he visto en años en pantalla y es una lección de cine experimental, -pero experimentado- que no deja indiferente y que se puede amar/odiar al unísono en espera de que el tiempo la juzgue.

Lo peor: Que si sales del cine sin sufrir ningún tipo de relexión e introspección y diciendo que menudo muermazo, te acusarán de ser un palomitero sin sentido ni sensibilidad.

Más triste que un tango es esta nueva película de Antoine Fuqua, otra historia que refleja el ‘detrás de las placas’  de los agentes de la ley, como ya hiciera en la celebrada Training Day.  No debería arredrar al espectador que el filme se realizara en 2009 y, misteriosamente, no se haya estrenado en nuestro país hasta ahora. Los amos de Brooklyn es una excelente cinta del olvidado -en esta década-  género ‘de polis’, muy bien dirigida y magistralmente interpretada.

Incluso brilla con su sobria actuación un lacónico Richard Gere, que pasea sus canas en lo que es todo un clásico de estas películas: el policía  alcohólico y separado al que le quedan escasos días para jubilarse y que se compra una caña de pescar para ocupar todo el tiempo libre que tendrá ahora.

También un cliché del género es al que pone sus mejores registros Don Cheadle, un policía infiltrado en la peor banda de narcos de la zona que, tras un último trabajo, también va a retirarse y que, como es de ley, se involucra emocionalmente en su tapadera.

La tercera historia que narra la película es la de un padre de familia numerosa ahogado por las deudas y por la culpa. Ethan Hawke se luce como el policía atormentado y al que las circunstancias tientan a ‘sisar’ a los delincuentes a los que persigue  para mejorar su situación económica y darles a los suyos una vida mejor.

Para algunos puede ser un corta y pega de varias situaciones vistas en películas de Lumet y los filmes policíacos de los 70,  pero el buen hacer de Faqua, a mi parecer, dan como resultado una cinta sólida, intensa y con unos últimos 40 minutos soberbios. Muchos ecos de The wire, tanto en el desarrollo como en el reflejo de lo que se cuece en los pisos de protección oficial de los barrios marginales. Y una estructura narrativa similar a la de Crash, pero en esta ocasión Faqua no pretende aportar pequeñas soluciones a problemas grandes como hacía la oscarizada -y en mi opinión, sobrevalorada- cinta de Paul Haggis.

Por último, reseñar una curiosidad. Quien vea el filme en versión original se dará cuenta de que la multitud de veces que se utiliza el vocablo ‘fuck’, concretamente son 270. Casi se acerca a Casino, donde se usa esta palabra 398 veces.

Lo mejor: Las interpretaciones mencionadas y un plantel de secundarios recuperados para el celuloide como:  Wesley Snipes, Ellen Barkin o Lili Taylor.

Lo peor: Algunas situaciones están tan vistas que el espectador curtido en la materia irá por delante de la narración, salvo en el tramo final.

Imposible no hacerse eco de  esta ‘noticia’  digna de merecer una portada en el recordado ‘Noticias del mundo‘. Un anticuario de Seattle vende en Ebay una foto de un hombre de 1870 que guarda un más que inquietante parecido con el actor Nicolas Cage. Es  más, la instantánea vale un millón de euros y, según el vendedor, demostraría que el protagonista de Leaving Las Vegas es inmortal. El futuro millonario, Jack Mord, publicita la imagen en la web de subastas así:

Original c.1870 carte de visite showing a man who looks exactly like Nick Cage. Personally, I believe it’s him and that he is some sort of walking undead / vampire, et cetera, who quickens / reinvents himself once every 75 years or so. 150 years from now, he might be a politician, the leader of a cult, or a talk show host.” /’C.1870 original tarjeta de visita que muestra a un hombre que se ve exactamente como Nicolas Cage. Personalmente, creo que es él y que es una especie de muerto viviente, vampiro, etc. , que se reinventa a sí mismo una vez cada 75 años. 150 años a partir de ahora, podría ser un político, el líder de una secta, o un presentador de talk show’.

El propietario jura y perjura que la foto no está manipulada y que Cage sería un hombre sin identificar de Bristol, Tennessee. Además de la posibilidad de  poder desenmascarar al actor, comprando la imagen podrás ayudar a una buena causa. Para justificar la exorbitante cantidad que pide,  el dueño afirma que donará a la caridad -probablemente a la Comunidad del sol–  el 50 % de lo que obtenga en la puja. No se veía nada tan espeluznante desde la aparición de Michael Jackson en una  tostada.

Hasta ahora el mayor misterio del sobrino de Francis Ford Coppola era su colección de postizos, bisoñés y pelucas. Y efectivamente, hizo de criatura de la noche en la insufrible Besos de vampiro. No es por desmontarle la teoría al señor Mord pero si realmente Cage fuera uno, le habría salido bordado el papel en el mencionado filme y no fue así.

Investigando este suceso he descubierto que Jack Mord es el morboso propietario de la página ‘The thanatos archive‘, una web que es una tétrica galería de fotografías post mortem, -como las que mostraba Amenábar en Los otros– y que advierto que hieren la sensibilidad. Mucho más lúdica, dónde va a parar,  es esta chufla sobre Nicolas Cage.