Sofia Coppola se ha especializado en una temática: la de los presos emocionales en cárceles de oro, personajes que deambulan por la pantalla con pocas ganas, planteándose su vacía existencia y ajenos al oropel que les rodea. En otras palabras, protagonistas irritantes con los que al común de los mortales nos es difícil empatizar, que lo tienen todo para ser felices pero, como decía el poeta, ésa no es razón para serlo.

En Somewhere, la cineasta retoma el tema del aislamiento y la soledad en compañía narrando el día a día de un actor que ha muerto de éxito. Un zombie emocional  al que mínimamente consiguen volver a la vida  las visitas esporádicas de su hija, una sensacional Elle FanningSuper 8– .

La realización de Sofia Coppola, con unos planos eternos que ponen a prueba la paciencia del espectador, la escasa acción y los escuetos diálogos exasperarán a quienes Las vírgenes suicidas, Maria Antonieta o Lost in translation les parecieron soporíferas. Los fans de la prima de Nicolas Cage tienen ante sí un nuevo bombón envenenado de la directora que consigue transmitir con una cuidada dirección y gritos sordos ese aburrimiento en el que vive el protagonista. Tanto, que el hastío puede contagiar al espectador y, al igual que Stephen Dorff se queda dormido practicando un cunilingus o ante un Pole Dancing, el público puede caer vencido por Morfeo ante la película que se llevó el León de Oro en Venecia.

A mí, personalmente me ha resultando bastante tediosa la reiteración de escenas y situaciones de Somewhere que me parece que, aún estando magníficamente filmada, no va a ninguna parte y no viene de ningún sitio, provocándome sentimiento cero. Y que pareciese que Sofía se empeña en pedirnos perdón por ser quién es y contarnos que en el fondo es una desgraciada a la que no debemos tener envidia ninguna. La ex de Tarantino se mira demasiado el ombligo aunque es una excelente realizadora que en este filme me recuerda al Gus Van Sant de Last days.

Lo mejor: La posibilidad de cruzar la puerta del Hotel Chateau Marmont de Hollywood en el que vive el protagonista, un establecimiento legendario donde el Johnny Marco del filme se cruza en el ascensor con Benicio del Toro.

Lo peor: El abuso de estereotipos del star system y que entre tanta pose y estética de anuncio vacuo de Lancôme, se puede hacer realidad el refrán: El sabio señala la luna y el bobo le mira el dedo. Yo, confieso que le he visto la manicura al detalle.

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