El final del verano llegó y tú partirás… amén de la vuelta al cole, de la pérdida del bronceado o de que se acorten los días, si hay algo que definitivamente es el fin del estío es el último episodio de True Blood (al menos en los últimos 4 años).

Las Hadas no pudieron con Hades

Si estás leyendo esto, seguramente formas parte del nutrido grupo de fans de la serie de Allan Ball por lo que es innecesario que la reivindique como una de las más audaces y que se toma menos en serio de la parrilla actual. Esta cuarta temporada no ha defraudado, a pesar de los temores de que las hadas y otros espíritus benévolos tomaran Bon Temps, los seres de luz tuvieron escaso protagonismo. Tan sólo en el primer episodio donde se las ve de cóctel, en aquel que Eric se toma de merienda a la hada madrina de Sookie y en el penúltimo, donde Andy Bellefleur se encuentra a Maurella  por el bosque y se ponen a retozar.

Tara, la prima de riesgo

Tras una temporada repleta de grandes momentos, la season finale nos ha dejado con grandes expectativas para la quinta temporada. Se nos va -o eso espero- un personaje que yo, personalmente aborrecía, Tara. Tras haber sobrevivido a una posesión demoníaca, a un novio vampiro, a otro poseído y a las iras de todas las criaturas del mal, la pobre no ha podido con el cabreo justificable de una novia celosa. Debbie, la mujer lobo compañera de Alcide, la mata por error cuando sin venir a cuento -recordemos que la que puso los cuernos al macizo con un tirillas  fue ella- la toma con Sookie y se planta en su casa escopeta en mano. Alcide, previamente a este drama, se da a la bebida en Merlotte’s -sorprendentemente con la camisa puesta- con sentencias como ésta, digna de figurar en la carpeta de cualquier ‘choni’  fan de la HBO -si las hubiera-:

“People don’t change. They just find new ways to lie.” (La gente no cambia. Sólo encuentra nuevas maneras de mentir)

Russell Edgington: Pero sigo siendo el rey

Aunque ya se había rumoreado, podemos confirmar que en la próxima temporada aparecerá de nuevo Russell Edgington que se ha desenterrado de no sé cuántos kilos de cemento. El cómo ha sobrevivido nos da igual, es un regreso celebrado por cualquiera que en la temporada anterior viera una y otra vez la que hasta el momento es la mejor escena de True Blood

Tócala otra vez, Sam

De las tramas menos interesantes de la cuarta temporada, en mi opinión, ha sido la de Sam, su hermano parricida, la novia equina y la hija potrilla. Cuando parece que Luna y Sam van a relinchar felices para siempre y se van a trasladar a su hábitat natural -el mundo del Pequeño Pony- … detrás del perrito de las praderas aparece un lobo negro, presumiblemente un fantasmal y vengativo Lobo de Baskerville, probablemente, Marcus.

Lafayette, más sólo que la una

Si a alguien le ha pasado de todo – y malo- en este temporada ha sido de nuevo al pobre Lafayette, al que han tomado su cuerpo como si fuera un taxi. Convertido en secuestrador por una mujer sureña que quería recuperar a su hijo, poseído por el Tío Luca… cuando ya parecía  que podía volver a centrarse en renovar su fondo de armario… toma su cuerpo Marnie y mata a su  novio  brujo provocándole el enésimo trauma al muchacho, y eso que no sabe aún que los sesos de su prima han dejado la casa de Sookie hecha una pena.

 ¿Truco o trato?

Aparición sorpresa fue la de Stephe Newlin, el reverendo de la ‘Comunidad del sol’. El mojigato anti vampiros no había sido más que mencionado esta temporada en un informativo como desaparecido en extrañas circunstancias. En el último episodio podemos ver dónde ha estado: tomándose unos chupitos. Jason abre la puerta a su viejo amigo Stephe -en pelotas por cierto-  y éste le enseña sus colmillos recién estrenados. Recordemos que a Jason acababa de darle una lección de liberación femenina una Jessica empapada de Cosmopolitan en lo que ha sido otra escena memorable de la temporada.

También introduciendo a la quinta, en la que parece que los Bellefleur se van a llevar más de un sobresalto, sale a escena Patrick Devins, superior de Terry en la Guerra de Irak. Además de otro cachas para la saca parece que influirá para mal en el marido de Arlene. Tanto que su ex, René, en lo que fue otro momento ‘Entre fantasmas‘ del episodio 12, vino del otro mundo a prevenirla.

Dos catetos y una ‘hipotemusa’ (musa hipotética)

El triángulo de amor más bizarro de la serie compuesto por:  Bill, Eric y Sookie parece que termina por decisión de ésta, harta de que sólo la quieran por su sangre de hada en una escena de lo más grotesca con los dos vampiros ataviados con sendas batas a rayas que pueden contemplarse en la foto que encabeza este post y que no me pude resistir a capturar. Dos de los mejores momentos de este episodio han sido sin duda protagonizados por ellos. Cuando están atados en la pira -en lo que fue el canto del cisne de Marnie la Cabrona y la reaparición de la abuela de Sookie- y Eric dice algo como ‘Perdona, que ya estamos crujientes’  -‘Excuse me. We’re feeling a little crispy here’ – y el baño de sangre del despacho de ‘El rey’ donde se cargan a a Nan Flanagan y su ‘escuadrón gay’. Bill y Eric cuanto más despiadados, más sexys.

¿Has llegado hasta aquí?  Te mereces un chute de V, pero no te envicies que hasta verano de 2012 no hay más.

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