El miembro más ‘Drama queen’ de la pareja homosexual de Modern family, Eric Stonestreet,  suena como firme candidato a interpretar al actor de cine mudo Roscoe ‘Fatty’ Arbuckle en una TV Movie que prepara HBO y que dirigiría Barry Levinson. El guión se basará en este libro que ya anuncia en el título que la historia de este actor no fue una fiesta:  ‘ The Day the Laughter Stopped’, de David A. Yallop.

Se concrete o no este proyecto, este rumor bien merece recordar uno de los capítulos más morbosos de Hollywood Babilonia de Keneth Anger, cuyos dos libros sobre la cara oculta de las estrellas de cine me merendaba en mis mocedades.

Roscoe Arbuckle, conocido artísticamente por su volumen como ‘Fatty’, apodo que detestaba por otra parte, fue una estrella del cine mudo de los años 20. Se le considera el inventor del -en mi opinión- detestable gag del ‘tartazo en la cara’ que explotaba una y otra vez en las numerosas películas que protagonizó. Su relevancia fue enorme en los años del cine mudo e incluso le dió su primer papel en un filme a Buster Keaton.

Todo lo que sube baja, y en el caso de Arbuckle la caída fue abisal. El cómico, contratado por Paramount,  llegó a cobrar un millón de dólares al año en 1921. El fatídico 3 de septiembre fue a San Francisco con dos amigos y alquilaron tres habitaciones de hotel para celebrar una fiesta a la que invitaron a un buen número de aspirantes a actriz y para la que compraron litros de alcohol. Como es de prever, la celebración se fue de las manos.  Una joven -de profético apellido- Virginia Rappe,  enfermó durante el transcurso de la juerga falleciendo días más tarde. El médico del hotel diagnosticó una peritonitis y otra muchacha que había acompañado a Virginia a la fiesta  involucró a Arbuckle denunciando que le había roto la vejiga intentando violarla con una botella.

En un principio, parece que la amiga de la fallecida sólo quería dinero, llegar a un acuerdo monetario con los abogados del actor, pero el asunto se fue de las manos, llegó a las ávidas de William Randolph Hearst -el ambicioso editor retratado en Ciudadano Kane–  que  le postuló en sus publicaciones como culpable poniendo en su contra a la opinión pública.

Arbuckle se declaró siempre inocente y fue absuelto por la justicia en tres ocasiones, pero la truculenta historia que protagonizó  hundió su carrera y su vida personal, sus películas se retiraron y  falleció de un ataque al corazón con 46 años,  olvidado, alcoholizado y divorciado, echando por tierra para siempre el tópico de los ‘gorditos felices’.

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