Como todos los años -y que sean muchos más- Woody Allen llega a nuestras pantallas y como todos los años, los ‘Allenistas’ esperamos en su nueva película destellos de la brillantez de Misterioso asesinato en Manhattan, Zelig, Días de radio etc. En Midnight in Paris, los fundamentalistas del paranoico realizador no saldrán decepcionados, máxime si leyeron en su día el relato ‘ Memorias de los años 20′ de su libro ‘Cómo acabar con la cultura de una vez por todas’.

En sus primeros minutos la película se teme que sea un reportaje turístico patrocinado por el gobierno francés -sobre todo si el espectador salió quemado de Vicky Cristina Barcelona– . Pero, cuando dan las campanadas de la medianoche y la particular Cenicienta de este filme, se sube al carruaje, el filme toma un derrotero fascinante y sorprendente, y se traslada a un Port Aventura gafapasta llena de atracciones y guiños irónicos y sobre todo, reflexiones sobre la creación, la inspiración, el amor, la muerte y la nostalgia.

El retrato de París que realiza Allen es impecable, ya que oficio le sobra y la luz de la ciudad se lo pone fácil y los actores… se echa en falta una máquina del tiempo para que el propio director hubiera protagonizado esta película en sus años mozos en vez de un Owen Wilson, que no me termina de convencer, me parece muy deslavazado y sin los registros ni el carisma necesarios para enfrentarse a este papel.

Con todo, Woody nos plantea una interesante reflexión para desubicados, para quienes en algún momento se plantean que no pertenecen a este mundo y que hubieran sido más felices viviendo en otra época. Además, se nos muestra como un admirador irredento de la cultura europea e ironiza sobre la visión e ignorancia  norteamericana de ésta.

A Owen Wilson le acompañan en este viaje un plantel de estrellones: la etérea Marion Cotillard, Adrien Brody, Carla Bruni, Rachel McAdams y Kathy Bates, algunos en papeles breves pero intensos. El filme, en la línea de La rosa púrpura de El Cairo,  te deja un poco melancólico pero es amable, ligero y el mejor Woody de los últimos años.

  • Lo mejor:  Que  ver una película de Woody Allen al año es como ir a visitar al abuelito que nos da 5 euros por nuestro cumpleaños y que en esta ocasión, nos da 50.
  • Lo peor:  Un Owen Wilson con poca sal -Woody necesita un alter ego más carismático-  y que el que crea que Man Ray inventó las Ray Ban no pillará muchos de los chistes.
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