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Una pareja pierde a su hijo durante un accidente en plena cópula, la mujer queda desolada y el marido, psiquiatra de profesión -luego se verá que no muy bueno- la recluye en una cabaña aislada en el monte -en lo que podríamos llamar ‘una terapia peligrosa’  -para que se enfrente a sus miedos-.

Con este preámbulo y la polémica precedente, el director efectúa un retrato del dolor y la desesperación en toda su crudeza en una película que combina una excelente factura estética con unas sesiones de casquería de cuerpo y alma que recuerdan en momentos a mi adorado Greenaway, otro’ rarito’.

El filme es toda una experiencia en la que Lars Von Trier, cual Samaniego esquizofrénico,  plantea la crueldad de la naturaleza, del ser humano y con un puntito misógino, de la mujer, su furor uterino y la fertilidad.

La claustrofóbica velada la protagoniza un Willem Dafoe con más paciencia que el marido de la Dubois y Charlottte Gainsbourg, hija de Jane Birkin y a la que pudimos ver en otra alegría, 21 gramos.

¿Recomendable? no me atrevería a recomendársela ni al carnicero de Milwaukee, si la vas a ver… bajo tu propia responsabilidad y sin palomitas!!

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