Con una buena predisposición y mejor compañía me dispuse a visionar ‘El último gran mago‘. Nada me hacía temer que un supuesto biopic sobre la vida de Harry Houdini fuera un ‘Houdini in love’ con escaso fuste y que iba a dar ganas de practicar el escapismo de la butaca a los veinte minutos ‘aprox.’.

Teniendo en cuenta que la biografía del ilusionista es de lo más interesante, el delito de centrar el filme en un picor inguinal del mago con una semi medium -por muy Catherine Zeta-Jones que la interprete-… merece el fusilamiento.

La ambientación tiene un pase aunque los decorados son muy barrocos y casi me atrevo a asegurar que la totalidad del filme está rodada en estudio, con lo cual pierde verosimilitud.

Respecto al principal reclamo, los actores… bueno, la señora Douglas está muy mona y Guy Pearce, está. El pobre se pasea con cara de cordero degollado dadas sus circunstancias y luciendo bíceps y tríceps. Sin duda, se merecía unas líneas de diálogo mejores porque da lástima cómo deambula por el filme con más pena que gloria.

La que está estupenda, es Saoirse Ronan. Un prodigio de 14 años a la que vimos ya en Expiación y que es todo un talento natural, aunque se va a encasillar a este paso en ‘metomentodo’ profesional.

Huelga decir que no la recomiendo en absoluto, si se tiene la perspectiva de ver ‘El truco final‘ o similar. Si quieres un pastelón de época y tienes una abuela a la que llevar al cine, no te la pierdas.

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