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Me sumí en un sueño profundo -y eso que yo sentada duermo mal- mientras veía La niebla, última película basada en un relato de Stephen King. Y eso que yo la ví con entusiasmo, dado que las anteriores adaptaciones de Frank Darabont –La milla verde y Cadena perpetua– de relatos del autor, me habían gustado mucho.

Será que Darabont cuando se aleja del clima carcelario se pierde, pero a mí esta cinta me ha parecido una tontuna, con mucho ruido y escasas nueces.

El filme arranca creando clima y el clima, se nubla al poco. Unos habitantes de un pueblo se ven obligados a encerrarse en un supermercado porque una niebla envuelve los alrededores y se merienda al que se adentra en ella.

La cosa no estaría tan mal si la película se hubiera quedado en unos discretos 90′ pero 127′ para un relato corto de 200 páginas… más hubiera valido que los actores hubieran hecho una lectura dramatizada y nos hubiéramos librado del SPOILER esmirriado pulpo que emerge de la nebulosa de marras.

De terror. Y los que quieran ver una metáfora de una invasión similar a la de La Guerra de los Mundos, que cambien de barman.

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