black-snake-moan.jpg

Tim Burton vió en ella a una hipotética hija de Peter Lorre y Bette Davis. La belleza discutible de Christina Ricci y su tino a la hora de aceptar papeles o rechazarlos –Titanic, El señor de los anillos o Lolita– garantizan la calidad de los filmes en los que interviene. Desde el viernes podemos verla en Black snake moan, una película de sex and blues en la que Samuel L. Jackson intenta llevarla por el buen camino.

El director de Hustle and flow deja el rap y se pasa al blues con un filme en el que el mayor atractivo es sin duda la pareja protagonista. Vemos a L. Jackson como un músico en decadencia al que su mujer ha abandonado. Como si de una prolongación de su papel en Pulp Fiction se tratara, se refugia en la Biblia, una botella de ginebra y la guitarra para encontrar sentido a su vida

Lo encontrará el día que se cruza en su camino Rae, una ninfómana a la que han dado una paliza de muerte. El buen pastor se empeña en apagarle el furor uterino de forma poco ortodoxa: encadenándola al radiador de su casa.

El filme, visto lo que hay, no está mal. La relación que se establece entre ambos es muy curiosa y el ambiente de Memphis está conseguido. Es entretenida aunque los diálogos son bastante imposibles y el final es decepcionante. Les gustará a los fans de la Ricci, que sale más sensual que nunca , y a los que gustan de las historias de animales heridos.

El poco alentador título del filme Black snake moan -algo así como ‘gemido de la serpiente negra’- hace referencia a una canción de blues que interpreta con desgarro Jackson en el que es sin duda, uno de los mejores momentos de la cinta. Conviene obviar dos cosas: el subtítulo del filme : ‘Todo es más caliente en el sur’ -digno de Rafaela Carra- y una viscosa presencia, la de Justin Timberlake. Afortunadamente, su aparición es meramente testimonial.

Anuncios