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Paul Newman dice adiós al cine tras más de 50 años de profesión, un Oscar Honorífico y otro por su papel en El color del dinero. El guapo entre los guapos asegura que ya no está en plenas facultades y que ahora se dedicará a sus negocios alimenticios como dirigir el restaurante de comida ecológica que posee cerca de su casa en Connecticut.

Newman participó recientemente como doblador de uno de los personajes de Cars -un guiño a una de sus aficiones, el motociclismo- y como intérprete no le disfrutamos desde Camino a la perdición (2002).  Su trayectoria –El golpe, Cortina rasgada, Ausencia de malicia….- le exculpa de haber aparecido en Mensaje en una botella (1999).

Repasar la filmografía del actor al que mejor le sentaba la toalla blanca en la cintura y culpable de que yo tenga ese fetichismo –El premio (1963)- sería eterno. Y aunque ha envejecido sin recurrir al Botox o los implantes capilares siempre le recordaré en su esplendor: como Brick, con muletas y beodo discutiendo con Liz Taylor en La gata sobre el tejado de zinc.

No soy nada mitómana o eso creía hasta que fui a los USA. No pude resistirme a entrar en Tiffany’s, ver una subasta en Sotheby’s y comprarme un bote de Newman´s Own, su salsa para ensaladas -por cierto, no estaba muy allá-.

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