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No sé si queda algún indocumentado que dude que Steve Buscemi es uno de los mejores actores de la actualidad. Para reafirmar esto, Delirious, una comedia que pasó por el Festival de San Sebastián y no de puntillas: premio al Guión y a la Dirección.

Mr. Pink protagoniza esta suerte de cuento de hadas alternativo en el que no falta el mendigo –Michael Pitt-, un homeless que malvive en NYC y sueña con ser actor. La princesa es Alison Lohman, una diva de cadera suelta, parodia de las adocenadas rubias tipo Shakira. Y como bruja malvada, Gina Gershon.

Buscemi es un gnomo toca pelotas, egoísta, gruñón y tan irritante como el gato de Cheshire. Luce su belleza distraída como ‘paparazzo’ de mala muerte, rastrero, cutre y con delirios de grandeza. Un personaje de los que adoro, un ‘looser’ con mayúsculas que encabeza sus frases con ‘regla número uno’ y nunca enuncia la ‘regla número dos’. Lo que hubiera sido Ignatius Reilly si le hubiera dado por la fotografía.

La comedia muestra el peor lado de la fama y de NYC con sus callejones oscuros y su alcantarillado al descubierto y la hoguera de las vanidades de las fiestas exclusivas y las suites de lujo. Aunque lo pueda parecer, la historia no es una reflexión sobre el backstage de las ‘celebrities’, es una fábula sobre la amistad, la supervivencia y las familias castradoras.

La pareja protagonista en la que el listo es un memo y el tonto es un avispado proporciona unos diálogos rápidos y brillantes. Las situaciones grotescas que proporcionan ambos -la de la casa de los padres entre ellas- hacen de este filme una pequeña delicia que no conviene perderse.

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