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23 puñaladas recibió Julio César. Charles Manson nació el 12 de noviembre (12+11=23). Los mayas creían que el fin del mundo sería el 23 de diciembre de 2012 (20+1+2=23). Cuando yo tenía 23 años mi vecina se rompió una cadera en exactamente 23 trozos y lo más asombroso, fue el 14 de septiembre a las nueve de la mañana (1+4+9+9=23).

De estas y otras chorradas se ocupa el número 23, el último filme de Joel Schumacher. La película nos presenta a un Jim Carrey al que le regalan un libro que está claramente inspirado en su persona. Comienza a obsesionarse con la narración, con el número citado y empieza a hacer una serie de elucubraciones en la línea delirante de las del primer párrafo que le llevan a intentan averiguar la identidad del escritor, un autor anónimo que firma como Top Sycrets (la monda, Top Secret, paredón para el guionista).

El filme no arranca mal, pero enseguida se desinfla el suspense y la cinta toma unos derroteros surrealistas, absurdos y aburridos. La trama se hace farragosa innecesariamente con vueltas de tuerca que si pretendían ser tan sorprendentes como las de Sospechosos habituales recuerdan más a La casa del lago.

Absuelvo a Jim Carrey. Hace lo que puede con su personaje y con su pasado como gimnasta facial podría haber sido muchísimo peor. No obstante está contenido y discreto.  El guión y una atmósfera muy artificial que pretende ser claustrofóbica -y resulta hortera- son lo peor de este tontísimo thriller, que del 1 al 20 le doy un 2 (1+20+2.., vaya ! 23!).

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