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Pues aunque no lo pareciera, dada la carga profunda y dramática de su filmografía, Lars Von Trier tiene sentido del humor, el suyo. Y en El jefe de todo esto lo ha dejado patente, eso sí a su manera: austera y con chistes daneses.

En esta ocasión, nos traslada a una oficina en la que un actor en paro es contratado para realizar delante de los empleados el papel de un jefe al que no conocen y que es un invento del auténtico dueño para caer simpático a sus subordinados y que estos carguen sus iras contra el imaginario director de la empresa.

Personalmente no me he reído apenas. El humor es muy local y es que dicen que los daneses se parten de risa cuando les llaman idiotas y como yo no, pues claro, ni sonreía. Como ignorado por casi todo el resto de Europa, es que entre daneses e islandeses existe una rivalidad que viene de 400 años atrás cuando estuvo Islandia bajo el dominio de Dinamarca, con lo que a esos gags tampoco se les coge la gracia si no eres parte implicada.

No obstante hay alguna escena cómica que funciona y por supuesto diálogos larguísimos, iluminación natural y una forma de rodaje de rodaje llamada Automavisión. Von Trier suelta la cámara de la mano y utiliza un sistema que después de haber colocado la cámara en un punto de vista artístico se compilan en un programa las correcciones, se estudian, se descartan… en resumen que se abren un montón de posibiliades aleatorias que controla un ordenador.  El resultado en mi opinión es algo sincopado y con la calidad de imagen de la comunión de mi sobrino.

Si la intención del cineasta es mostrarnos que el hombre es un gusano para el hombre cuando de trabajo se trata, mucho mejor han contado esto en Smoking Room, Glengarry Glen Ross o El método.

Así que los entusiastas de Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad, Dogville, Los Idiotas, Europa u otras buenas obras del dogma 95 como Mifune, Celebración.. abstenerse, esta es de lo más prescindible. Aunque si eres rarito o escandinavo, te entusiasmará. Yo que he defendido con pasión estos trabajos a los que dicen que eso de despojar al cine de artificios es una involución tan tonta como la elección de algunas de parir sin epidural, esta vez me callo.

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