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La carrera de Soderbergh es una de las más desiguales del cine actual. Oscarizado por Traffic y vendido al’mainstream’con las infinitas secuelas de Ocean y sus ladrones, nos presenta ahora El buen alemán , un ejercicio de autosatisfacción que le sirve para rendir homenaje al cine que le gusta: el de mujeres fatales y hombre hieráticos envueltos en enrevesadas historias de espías.   El director nos sitúa en un Berlín post bélico en el que nadie parece tener futuro y la mayoría intenta borrar su pasado. A este desolador panorama llega un periodista -Clooney- en busca de un gran artículo y de un  antiguo amor –Cate Blanchett-. Un asesinato y todos los clichés del cine de espías conforman un argumento bastante difuso del que es probable perderse si no se está muy atento a la pantalla.

A Clooney y a Blanchett se les ha reprochado la nula química que hay entre ellos. Más que un problema de química, yo lo veo más una cuestión de sobreactuación en ambos. No obstante, la pareja hace lo que puede con unos diálogos imposibles, tópicos y maniqueos. Evidentemente es un calco de las interpretaciones del duro Bogart o de la frágil Ingrid Bergman pero, trasladados al 2007 y con unos rostros tan contemporáneos, chirrían.

 El aspecto más positivo de la película es la impresionante fotografía en blanco y negro. Soderbergh ha rodado con los métodos de los años 40, utilizando una sola cámara y lentes de esa década, dando como resultado una atmósfera envolvente y una estética digna de las producciones a las que rinde tributo. Tan fría como la guerra que vino años después fue la acogida de este filme en la pasada Berlinale. Tampoco los estadounidenses la han respaldado en taquilla y como esto por allí no lo perdonan, fue ignorada por completo en la reciente edición de los premios Oscar. Competía por la estatuilla a la Mejor Banda Sonora Original que finalmente, consiguió Gustavo Santaolalla -Babel-.

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