reyescocia1.gif

El último rey de Escocia viene a sumarse a esas particulares memorias de África que está realizando Hollywood con el fin de vender palomitas y de paso, denunciar los abusos que sufre el continente por parte de la sociedad occidental: El jardinero fiel, Diamante de sangre y Hotel Rwanda.

Sin embargo, esta historia se desmarca de las demás. En todos los filmes mencionados, hay un héroe más o menos aguerrido que en un momento u otro de la película se convierte en concienciado salvador de la humanidad. El útimo rey de Escocia, no es sólo un monstruoso trabajo interpretativo de Whitaker, también es la historia de un Fausto que vende su alma al diablo por poco más que macizas mulatas, piscina y botellas de Dom Perignon

El vendedor es un médico escocés -que interpreta adrenalítico perdido, James McAvoy– sin visos de heroicidad ni una conducta intachable, en definitiva, uno de los nuestros.  A este personaje le vemos desvirgar su inocencia mientras cae en las garras de la erótica del poder del que compra,  Idi Amin , y le vemos convertirse de la noche a la mañana en su médico, psicoanalista, consejero y sobre todo bufón.

La figura del tirano, entre dictador loco, megalómano e infantil y amiguete cachondo mental, no se me ocurre otro actor que pudiera haberlo hecho mejor que Whitaker. E incluso para sorpresa de sus fans, sale la agente Scully, es decir Gillian Anderson, a la que recientemente ví también espléndida y riéndose de sí misma en Tristram Shandy, la última de Winterbottom.

La película de Kevin MacDonald es muy entretenida, envolvente, chocante e incluso en un momento dado tiene un giro angustioso en la línea de El Expreso de Medianoche. Con todo esto huelga decir, que la recomiendo encarecidamente, porque aunque jamás hayas oido hablar de Idi Amin y te importen un rábano las dictaduras africanas, la historia no es en absoluto lejana y es un filme magnífico.

Anuncios