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Muy impresionada he quedado con Diamante de sangre. Edward Zwick -experimentado en tragedias épicas- nos traslada al pasado reciente de Sierra Leona, en plena guerra civil. En este contexto caótico un soldado -más que de fortuna, de infortunio-, un desesperado lugareño y una periodista americana tratan de encontrar un diamante , como billete de vuelta a la cordura.

Lo que más me ha gustado -y disgustado por lo verídico- ha sido la exhibición impúdica que hace el director de los baby killers, niños soldado que con menos de doce años son asesinos entrenados a los que se droga y manipula para que combatan en el conflicto.  El filme impresiona, revuelve estómagos y conciencias principalmente y no deja indiferente.

En cuanto a los asuntos meramente artísticos, DiCaprio, huele a Oscar. A mí personalmente,  a pesar de sus esfuerzos, no me llega a convencer del todo ni siquiera en este papel. En algunas escenas le veo muy pasado de rosca y proporciona otras como improvisado ‘demolition man’, en mi opinión, bastante exageradas.

La película es larga, advierto, pero como se desarrollan a la vez varias tramas y no dejan de suceder cosas, no se hace pesada en ningún momento. La fotografía de Eduardo Serra La joven de la perla– muestra toda la belleza de la lamentablemente beligerante zona. Tiene algún momento videoclip, apoyado por la música de James Newton Howard, que es algo pretencioso pero que sirve para relajar tensión acumulada. No obstante, si algo le sobra al filme es el toque hollywoodiense.

Me explico, el pseudo tonteo entre Di Caprio y Connelly está de más y no cuela. El escenario es de lo menos idóneo para estos escarceos y apesta a productor reclamando: ‘vamos a meter una chica mona aunque sea con calzador’ -como la médico en Prison Break, más o menos-. El otro aspecto que  me ha chirriado es el epílogo, que será real, pero es bastante moñas y parece urdido por el productor anterior.

Salvo esos dos peros, una película de las de no perderse que se estrenará, intuyo que en multitud de cines, este viernes.

PD: Tras ver el filme y absolutamente concienciada, quiero aprovechar esta plataforma para decir a mis numerosos pretendientes y admiradores: no me regaléis más diamantes, por favor. Diamond’s aren’t a girl’s best friend.

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