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'Remake' parte de un hecho en la biografía de Roger Gual que pasó parte de su infancia en una comuna hippy y, por lo visto en el filme, siempre estuvo lleno de sed de venganza hacia sus progenitores. Aunque él se declara encantado con su pasado de 'perroflauta' precoz, la cinta destila mala leche por los cuatro costados.

Con un impecable reparto, la película nos cuenta la historia de unos amigos que se reúnen tras 30 años en que compartieron humo, flores, paz y amor libre en una masía. Como al lugar al que has sido feliz no debieras tratar de volver, el reencuentro -lejos de ser bucólico- es más bien bélico.

Los que tanto lucharon por la libertad, se encuentran ahora en conflicto con los que no saben qué hacer con tanta: sus hijos. Reproches y desorientaciones varias conforman la línea argumental que no llega a aburrir pero no agita la conciencia del espectador.

Mengual realizó un magnífico debut en 'Smoking room' donde nos hablaba de algo que entonces (hace tres años) nos parecía ciencia ficción: una empresa en la que prohibían fumar a los empleados. La intransigencia y la miseria humana estaban tratadas de forma excelente. Los diálogos de 'Remake' – al estilo 'Pulp Fiction'- recuerdan a veces a los de la primera. Grandes dosis de naturalismo exacerbado e incluso toques escatológicos en esta comedia agridulce que no consigue dejar huella en un público que -al menos en mi caso- no sabe de qué parte ponerse y finalmente, no se queda en ninguna.

Eusebio Poncela, Chete Lera, Marta Etura -genial-, Juan Diego y Silvia Munt, forman parte del reparto-todos impecables-. Sin duda, el casting es lo mejor de la cinta que  curiosamente no habla de política en ningún momento. Recomendable para padres progres de los de antes.

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