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Juan José Ballesta se encuentra inmerso en el rodaje de “Cabeza de perro”, el último filme de Santiago Amodeo (“Astronautas”). En la misma, se aleja de sus papeles de pandillero e interpreta a un adolescente sobreprotegido que padece una rara enfermedad neurológica, la cual le lleva a tener “apagones” mentales.

Desde que le ví en “El bola” debo confesar que siento debilidad por este joven actor. Me parece que realizó un estupendo trabajo y que tiene una mirada y una sonrisa magnéticas. Estaba perfecto. Impresionaba con una interpretación intuitiva y espontánea de un crío que ha sido apeado, a destiempo y por otros, de la infancia.

En “Planta 4ª” se comía la pantalla y era lo más destacable del filme de Mercero -en mi opinión, demasiado sensiblero-. Su interpretación en “7 vírgenes” es más que correcta y por ella fue premiado en San Sebastián. Esta película, aunque me gustó bastante, me provocó una sensación de “Déjà vu“, como si ya la hubiera visto.

Ballesta da el tipo perfecto para personajes sin esperanza, con problemas, supervivientes. Lleva en su mirada una cierta tristeza que cautivó a la mismísima Anjelica Houston -que aparentemente, no parece una blandengue-.

Aunque su carrera hasta el momento es corta y está bastante encasillado, la mayoría de edad le ha sentado bien. Ha pasado de la niñez a la adolescencia mucho mejor que otros -como Jorge Sanz- y es una de las pocas promesas del cine español que no ha pasado por “Al salir de clase”.

La dicción es su talón de Aquiles, pero en nuestro país esto es lo más habitual y ya tendrá tiempo de aprender. Y si no, no es un problema. Para entender a Noriega en “El Método” (y en casi todas su películas) hacen falta subtítulos. Por no hablar de Paz Vega, la Santaolalla, Pataky… y un larguísimo etc. A volver a clase!

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