Gifs at Giftube.com Un aplauso merecido para Batman: el caballero oscuro de Christopher Nolan. La película del verano y una de las mejores de superhéroes que esta iletrada en cómics ha tenido ocasión de ver. Bastante menos gótica que otras adaptaciones y con un traje menos humillante, el murciélago recorre las calles de un Gotham de acero y cristal en una batalla cruenta contra un Joker más sádico que el divino marqués.

Muy poco adecuada para el público infantil, a mí el filme me dejó una profunda bajona. Ser superhéroe es una tarea muy dura, ardua, a pesar de que seas un playboy forradísimo. Me cuesta entender por qué este macizo Bruce Wayne no pasa de villanos y se muda a Ibiza con el cuerpo de baile del Bolshoi o con el Pai, el Chuli y el Cabra.

Ser malo tampoco es una feria. El joker de sonrisa forzada está más loco que nunca con un adecuado make up ‘desaville’ inquietante. Cuesta olvidar que este fue el último papel de Ledger lo cual suma tormento si cabe al personaje. ¡Un gran Joker muere con él!

La película entretiene de sobra, está muy bien hecha, los secundarios brillan… así que, desde este abandonado y caro diario, la recomiendo encarecidamente.

No sé si el diablo sabe si he muerto o no pero el que más sabe por viejo que por diablo es Sidney Lumet. 83 años cubren la osamenta del director de Doce hombres sin piedad y, por lo que se ve, sigue con todas las facultades intactas.

Nos regala ahora Before the devil knows you’re dead, un ejercicio de lucidez brillantemente dirigido y muy bien interpretado que podrá verse en las salas comerciales… no se sabe cuándo porque se ha cambiado de fecha cienes y cienes de veces. Las últimas noticias apuntan al 23 de mayo.

El filme es un thriller al uso donde dos desesperados tienen la genial idea de dar el palo en la joyería de sus padres. Las cosas se les tuercen un poco bastante y se ven envueltos en un drama de tintes épicos. Lo único que le achaco al filme es la forma en que está narrado, una suerte de salto temporal a lo Cuenta atrás que, salvo el primer flashback, aporta de poco a nada a la historia.

Los hijos de su madre son Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke, que están estupendos ambos. Hoffman sobrepasa todos los adjetivos, lo mismo te hace de salido repugnante, de enfermero samaritano, de Capote, de reverendo… y todo con la misma credibilidad. De lo mejorcito que podemos ver en pantalla y además, escoge los papeles muy bien y no recuerdo ningún borrón en su carrera en este momento.

Dicho queda que la recomiendo encarecidamente aunque fuera ninguneada de esta edición de los Oscars y competencia, tenía poca. ¡Qué sabe la gente!

Con una buena predisposición y mejor compañía me dispuse a visionar ‘El último gran mago‘. Nada me hacía temer que un supuesto biopic sobre la vida de Harry Houdini fuera un ‘Houdini in love’ con escaso fuste y que iba a dar ganas de practicar el escapismo de la butaca a los veinte minutos ‘aprox.’.

Teniendo en cuenta que la biografía del ilusionista es de lo más interesante, el delito de centrar el filme en un picor inguinal del mago con una semi medium -por muy Catherine Zeta-Jones que la interprete-… merece el fusilamiento.

La ambientación tiene un pase aunque los decorados son muy barrocos y casi me atrevo a asegurar que la totalidad del filme está rodada en estudio, con lo cual pierde verosimilitud.

Respecto al principal reclamo, los actores… bueno, la señora Douglas está muy mona y Guy Pearce, está. El pobre se pasea con cara de cordero degollado dadas sus circunstancias y luciendo bíceps y tríceps. Sin duda, se merecía unas líneas de diálogo mejores porque da lástima cómo deambula por el filme con más pena que gloria.

La que está estupenda, es Saoirse Ronan. Un prodigio de 14 años a la que vimos ya en Expiación y que es todo un talento natural, aunque se va a encasillar a este paso en ‘metomentodo’ profesional.

Huelga decir que no la recomiendo en absoluto, si se tiene la perspectiva de ver ‘El truco final‘ o similar. Si quieres un pastelón de época y tienes una abuela a la que llevar al cine, no te la pierdas.

Muchas veces he comentado que hay películas que hacen que recaiga cualquiera en el alcoholismo y la politoxicomanía. Son filmes que cuando te quejas de que son muy crudos o tristones, algún iluminado maduro te dice: ‘Es la vida Reser, las cosas de la vida’.

Efectivamente, La familia Savages trata de las cosas de la vida. De las cosas tristes, inevitables y más dramáticas de la vida: cuando los padres enferman, no pueden valerse por sí mismos y los hijos tienen que cambiarles los pañales. A esas cosas, que -o nos han pasado ya lamentablemente- o nos van a pasar inexorablemente en un futuro, no dedicamos ni medio minuto a reflexionar y por eso sonreímos y eso.

Esto es lo que cuenta la película, con escaso humor, muy crudamente, con mucha violencia psicológica. Los dos hermanos -Phillip Seymour Hoffman y Laura Linney, magníficos ambos y en el caso del primero es un epíteto-, cuyas vidas rozan el ‘looserismo’ más absoluto son los que se ven envueltos en este gerontodrama que, aunque muy recomendable, yo no me recomiendo a mí misma ni a nadie que no siga las doctrinas de Masoch.

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