Críticas


No sé si el diablo sabe si he muerto o no pero el que más sabe por viejo que por diablo es Sidney Lumet. 83 años cubren la osamenta del director de Doce hombres sin piedad y, por lo que se ve, sigue con todas las facultades intactas.

Nos regala ahora Before the devil knows you’re dead, un ejercicio de lucidez brillantemente dirigido y muy bien interpretado que podrá verse en las salas comerciales… no se sabe cuándo porque se ha cambiado de fecha cienes y cienes de veces. Las últimas noticias apuntan al 23 de mayo.

El filme es un thriller al uso donde dos desesperados tienen la genial idea de dar el palo en la joyería de sus padres. Las cosas se les tuercen un poco bastante y se ven envueltos en un drama de tintes épicos. Lo único que le achaco al filme es la forma en que está narrado, una suerte de salto temporal a lo Cuenta atrás que, salvo el primer flashback, aporta de poco a nada a la historia.

Los hijos de su madre son Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke, que están estupendos ambos. Hoffman sobrepasa todos los adjetivos, lo mismo te hace de salido repugnante, de enfermero samaritano, de Capote, de reverendo… y todo con la misma credibilidad. De lo mejorcito que podemos ver en pantalla y además, escoge los papeles muy bien y no recuerdo ningún borrón en su carrera en este momento.

Dicho queda que la recomiendo encarecidamente aunque fuera ninguneada de esta edición de los Oscars y competencia, tenía poca. ¡Qué sabe la gente!

Con una buena predisposición y mejor compañía me dispuse a visionar ‘El último gran mago‘. Nada me hacía temer que un supuesto biopic sobre la vida de Harry Houdini fuera un ‘Houdini in love’ con escaso fuste y que iba a dar ganas de practicar el escapismo de la butaca a los veinte minutos ‘aprox.’.

Teniendo en cuenta que la biografía del ilusionista es de lo más interesante, el delito de centrar el filme en un picor inguinal del mago con una semi medium -por muy Catherine Zeta-Jones que la interprete-… merece el fusilamiento.

La ambientación tiene un pase aunque los decorados son muy barrocos y casi me atrevo a asegurar que la totalidad del filme está rodada en estudio, con lo cual pierde verosimilitud.

Respecto al principal reclamo, los actores… bueno, la señora Douglas está muy mona y Guy Pearce, está. El pobre se pasea con cara de cordero degollado dadas sus circunstancias y luciendo bíceps y tríceps. Sin duda, se merecía unas líneas de diálogo mejores porque da lástima cómo deambula por el filme con más pena que gloria.

La que está estupenda, es Saoirse Ronan. Un prodigio de 14 años a la que vimos ya en Expiación y que es todo un talento natural, aunque se va a encasillar a este paso en ‘metomentodo’ profesional.

Huelga decir que no la recomiendo en absoluto, si se tiene la perspectiva de ver ‘El truco final‘ o similar. Si quieres un pastelón de época y tienes una abuela a la que llevar al cine, no te la pierdas.

Muchas veces he comentado que hay películas que hacen que recaiga cualquiera en el alcoholismo y la politoxicomanía. Son filmes que cuando te quejas de que son muy crudos o tristones, algún iluminado maduro te dice: ‘Es la vida Reser, las cosas de la vida’.

Efectivamente, La familia Savages trata de las cosas de la vida. De las cosas tristes, inevitables y más dramáticas de la vida: cuando los padres enferman, no pueden valerse por sí mismos y los hijos tienen que cambiarles los pañales. A esas cosas, que -o nos han pasado ya lamentablemente- o nos van a pasar inexorablemente en un futuro, no dedicamos ni medio minuto a reflexionar y por eso sonreímos y eso.

Esto es lo que cuenta la película, con escaso humor, muy crudamente, con mucha violencia psicológica. Los dos hermanos -Phillip Seymour Hoffman y Laura Linney, magníficos ambos y en el caso del primero es un epíteto-, cuyas vidas rozan el ‘looserismo’ más absoluto son los que se ven envueltos en este gerontodrama que, aunque muy recomendable, yo no me recomiendo a mí misma ni a nadie que no siga las doctrinas de Masoch.

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A día de hoy se encuentra por confirmar la fecha de estreno en España de la última película de Wong Kar-Wai, My Blueberry Nights. Mi naturaleza ansiosa no ha podido esperar más y se la descargó. Que no se enteren Ramoncín, ni el Papa, que motivos de condena tengo de sobra, ya.
Pues la verdad es que me gustó bastante aunque me dejó muy triste. La primera película del realizador de 2046 en habla inglesa es tan deprimente como en las que sus protagonistas se hacen el harakiri al alma sorbiendo tallarines.

En este caso, es NY Cheesecake pero el desarraigo, los corazones rotos, la soledad, las deudas pendientes…. me dejaron sin apetito la verdad.

Jude Law tiene un café en NYC donde recala Norah Jones -en mi opinión, con la misma expresión en los 111 minutos de metraje- a contarle sus penas. Le deja más hecho polvo aún de lo que está y se marcha a encontrarse a sí misma y a trabajar de camarera en otro estado. El rollo que le ha soltado a Jude le caerá en soberbia: ahora es a ella a la que los clientes cuentan sus miserias. Entre ellos: un policía dipsómano, su ex mujer y una tahúr interpretada por Natalie Portman.

El filme no es trepidante pero si te dejas llevar por la atmósfera y la plasticidad de los ambientes te engancha. No debería verse a solas, advierto.

PD. Chirvi, No hice post de Azcona porque se me queda ‘reservoir lut’ el blog, no obstante mi recuerdo más sentido y también para Richard Widmark e incluso para Jules Dassin. Este último, director de una de las mejores pelis de Widmark, Noche en la ciudad, casualmente fallecido hoy mismo, a menos de una semana del actor.

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Me sumí en un sueño profundo -y eso que yo sentada duermo mal- mientras veía La niebla, última película basada en un relato de Stephen King. Y eso que yo la ví con entusiasmo, dado que las anteriores adaptaciones de Frank Darabont -La milla verde y Cadena perpetua- de relatos del autor, me habían gustado mucho.

Será que Darabont cuando se aleja del clima carcelario se pierde, pero a mí esta cinta me ha parecido una tontuna, con mucho ruido y escasas nueces.

El filme arranca creando clima y el clima, se nubla al poco. Unos habitantes de un pueblo se ven obligados a encerrarse en un supermercado porque una niebla envuelve los alrededores y se merienda al que se adentra en ella.

La cosa no estaría tan mal si la película se hubiera quedado en unos discretos 90′ pero 127′ para un relato corto de 200 páginas… más hubiera valido que los actores hubieran hecho una lectura dramatizada y nos hubiéramos librado del SPOILER esmirriado pulpo que emerge de la nebulosa de marras.

De terror. Y los que quieran ver una metáfora de una invasión similar a la de La Guerra de los Mundos, que cambien de barman.

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