flashforward

Flash Forward, viene a intentar llenar el hueco que va a dejar Lost en nuestras vidas. Para ir paliando el dolor,  ya se ha estrenado el piloto: No more good days,  con un presupuesto de 7 millones de dólares y guiños a la ficción de J.J.  Abrahams.

Flash Forward es una historia de vidas cruzadas en la que se plantea que toda la humanidad -¿toda?- sufre un desvanecimiento durante dos minutos y 17 segundos en los que la población tiene visiones de lo que será su futuro dentro de seis meses. El FBI se pone a investigar el asunto y ya tenemos el misterio servido y la rayada de rigor sobre qué fuerza ha provocado tal fenómeno, por qué y para qué.

Joseph Fiennes  -soso, soso- es el Jack Shephard de este asunto -por lo que se pudo ver por sus vicios-  e incluso está casado en la serie con otra cara conocida de los losties, Penny.

Aunque se ha anunciado que veremos al llorado Charlie al menos en tres capítulos de la sexta temporada de Lost, en Flash Forward también podremos disfrutarlo. Y es más, los avispados podrán encontrar en este primer episodio un cartel que publicita Oceanic Airlines.

El piloto promete, se nota que se han dejado los dólares y se ve con el síndrome de estar pendiente de todos los detalles por si nos perdemos uno nimio que luego sea revelador en un futuro. Por lo demás, no falta el Cliffhanger, es decir, el momento final del capítulo que te deja con ganas de OTROOOOOOO.

PD: Cuatro anuncia la emisión de Flash Forward para octubre pero… ¿desde cuándo este tipo de series se ven en TV?

District 9

A mí las pelis de extraterrestres ni fu ni fa debo reconocer, por lo que District 9 no era un estreno que esperase con gran expectación. Sorprendentemente me ha gustado mucho, pero fundamentalmente porque cuenta una historia tan universal y atemporal de exclusión y marginación que donde ves extraterrestres ves judíos, sudafricanos, aborígenes australianos, inmigrantes ilegales o fans de los trillizos Frigenti.

Neill Blomkamp, arropado convenientemente por Peter Jackson, da obligada forma de documental a un filme que si bien no es cutre, es una intencionada Serie B con referencias a La cosa del pantano, La Mosca, Alien, Enemigo mío… La envoltura de la película, las camisetas de tirantes que lucen los alienígenas en ocasiones y el ambiente chabolista podrían caer en momentos en el ridículo o en un capítulo de ‘Callejeros por otros mundos’ pero sin  saber cómo acabas empatizando y sufriendo por unas  bestias de lo menos entrañable y a los protagonistas humanos -más dancers que humans- te dan ganas de verles estallar en pedazos como una piñata.

Los efectos especiales no son especialmente brillantes, la dirección no es muy ortodoxa, los actores no son la bomba, el guión tiene lagunas pero el conjunto resuta muy entretenido y original.  Una salvedad, por momentos resulta bastante repulsiva con unas sesiones de casquería dignas del primer Jackson de Bad Taste y mucho humor e icor negro. En definitiva, muy recomendable.

 

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Una pareja pierde a su hijo durante un accidente en plena cópula, la mujer queda desolada y el marido, psiquiatra de profesión -luego se verá que no muy bueno- la recluye en una cabaña aislada en el monte -en lo que podríamos llamar ‘una terapia peligrosa’  -para que se enfrente a sus miedos-.

Con este preámbulo y la polémica precedente, el director efectúa un retrato del dolor y la desesperación en toda su crudeza en una película que combina una excelente factura estética con unas sesiones de casquería de cuerpo y alma que recuerdan en momentos a mi adorado Greenaway, otro’ rarito’.

El filme es toda una experiencia en la que Lars Von Trier, cual Samaniego esquizofrénico,  plantea la crueldad de la naturaleza, del ser humano y con un puntito misógino, de la mujer, su furor uterino y la fertilidad.

La claustrofóbica velada la protagoniza un Willem Dafoe con más paciencia que el marido de la Dubois y Charlottte Gainsbourg, hija de Jane Birkin y a la que pudimos ver en otra alegría, 21 gramos.

¿Recomendable? no me atrevería a recomendársela ni al carnicero de Milwaukee, si la vas a ver… bajo tu propia responsabilidad y sin palomitas!!

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Ni frío ni calor para Enemigos públicos de Michael Mann, hagiografía del famoso ladrón de bancos del Chicago de los años 30 John Dillinger. Para cualquier amante del cine negro, sin duda una decepción el deslavazado retrato de una época  en el que en este género se demuestra que cualquier tiempo pasado fue mejor y que la Cotillard no le llega  a la costura de la media a Joan Bennett.

En primer lugar, la ambientación de la cinta es magnÍfica, igual detalle podría haberse puesto en la contextualización, en explicar para el lego en la materia cómo un ladrón de bancos se convierte en héroe del pueblo llano, algo que se da casi por supuesto y que dados los minutos de metraje podría haberse contado dos veces -e incluso tres-.

 En segundo lugar, las escenas de acción, -de las que Mann ya ha demostrado ser un gran realizador en cintas como Heat o Collateral- son buenas pero son una mera sucesión de tiroteos con poco más que mohínes del protagonista de por medio y poca cohexión entre ellas.

Esto hace que tras la primera media hora el interés comience a bajar y no llegue a remontar hasta la escena final a la salida del Biograf  Treather, pero para Dillinger y para el espectador, ya es tarde.

Johnny Depp me encanta que conste, pero su interpretación, aparte de su aportación como buena  percha, poco dice y se echa de menos a otros gansgters del cine menos atractivos pero mucho más en su papel como James Cagney o Edward G. Robinson.  Amén de que ultimamente va pasado de eye liner y en la nueva Alicia de Burton ni te cuento.

Christian Bale es el verdugo de Dillinger, Melvin Purvis, el agente del FBI que bien podría haber interpretado un experto en la materia:  Tommy Lee Jones. Pues eso que hasta que no lo pille, no para y si bien está estupendo -el que mejor está en mi opnión-  me recuerda demasiado a su Bruce Wane -.

Concretamente, la Copa Volpi, ya que en Venecia todo apuntaba a que iba a ser para el otrora seductor, dominador soft y humidificador adolescente de ‘Nueve semanas y media‘ ahora reconvertido en pellejo, alchohol y cicatrices. Sin embargo, se la arrebató un artista autóctono del que probablemente no volvamos a saber nunca más, Silvio Orlando.

La peli de Aronofsky ha sido elogiada y criticada como el conjunto de su obra. Me declaro fan confesa del rayante director e incluso disfruté de la pedante ‘La fuente de la vida’, con lo que espero ansiosa esta historia de un luchador que al igual que las folclóricas patrias no sabe cuándo retirarse aunque me tiene tufo a Campeón. Veremos.

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